“Por qué la medicina convencional no basta: mi experiencia con el cáncer y la medicina integrativa”

¿Y si miramos más allá de la pastilla?

 

Una reflexión desde mi experiencia entre medicina oficial e integrativa

Cuando me diagnosticaron cáncer, sentí que el suelo se movía bajo mis pies. Todo se volvió médico, técnico, urgente. Entré en ese engranaje hospitalario donde todo gira alrededor de pruebas, tratamientos, protocolos… y fármacos. Pero nadie —ni un solo profesional— me preguntó cómo me sentía. Nadie me preguntó por mis emociones. Ni por mi historia. Ni siquiera por mi estilo de vida.

Y tampoco nadie pudo explicarme por qué me había salido un tumor. Por qué justo en el cuello del útero. Solo me ofrecieron tratamientos para “eliminarlo”, pero ninguna palabra sobre qué podía haber detrás de ese síntoma. Ni una sola pregunta sobre mi cuerpo como un todo. Solo una parte enferma a la que había que atacar.

Tuve que buscar yo las respuestas. Tuve que hacer terapia, leer, escuchar a mi cuerpo, revisar mi historia, mirar con honestidad mi vida, mis hábitos, mis relaciones, mis heridas, mis traumas. No fue fácil. Pero fue ahí donde comenzó mi verdadero proceso de sanación.

Y si hay algo que me impactó especialmente fue lo poco —o nada— que se habla de alimentación en el sistema hospitalario. Nadie me dio una pauta nutricional coherente. Me dijeron: “come lo que quieras”. Y en uno de mis ingresos, la dieta que me daban incluía productos procesados y azucarados dos o tres veces al día. Bollería, galletas, yogures azucarados… en un entorno donde se supone que estamos luchando contra una enfermedad que es, entre otras cosas, una disfunción metabólica.

Sabemos desde hace años que el cáncer está profundamente ligado al metabolismo celular, y que reducir el consumo de azúcar es crucial para no seguir alimentando las células tumorales. Existen ya estudios que muestran cómo ciertos enfoques nutricionales, como la dieta cetogénica (rica en grasas saludables y muy baja en carbohidratos), pueden apoyar los tratamientos convencionales al reducir el entorno favorable al crecimiento tumoral:

  • Una revisión publicada en Revista de Nutrición Clínica y Metabolismo destaca su potencial terapéutico en cáncer, así como su seguridad nutricional:
    👉 Leer artículo completo

  • Investigadores de la Universidad de California han encontrado que esta dieta puede mejorar la respuesta del cáncer de páncreas a ciertos tratamientos:
    👉 Estudio en UCSF

  • Una revisión sistemática publicada en Nutrition Bulletin sugiere que puede ayudar a reducir síntomas y tamaño tumoral:
    👉 Ver estudio

  • También se ha estudiado cómo la cetosis nutricional reduce insulina y glucosa, interfiriendo con el metabolismo de las células tumorales:
    👉 Artículo divulgativo

¿Cómo es posible que, con todo este conocimiento disponible, todavía hoy te digan en un hospital que comas lo que quieras?

Por eso, creo que la medicina oficial, aunque necesaria y valiosa, se queda corta si se limita a tratar síntomas sin mirar el contexto completo. Que no somos solo un órgano afectado. Que no hay salud real sin contemplar también lo emocional, lo mental, lo espiritual… y lo nutricional. Que los fármacos, sin más, no siempre son la solución. Y que muchas veces, tampoco son la única.

La medicina integrativa me abrió otro camino. Me ayudó a comprender que el cuerpo no habla por casualidad. Que el cáncer no llega de la nada. Que el lugar donde aparece, también tiene un mensaje. (De esto, por cierto, hablaré más a fondo en otro post, porque merece ser contado con todo el detalle y la profundidad que merece).

Hoy, después de todo lo vivido, no concibo una salud separada en compartimentos. Creo en una medicina que sume. Que escuche. Que acompañe. Que respete tanto la ciencia como la sabiduría del cuerpo y del alma.

Integrar me dio respuestas. Y, sobre todo, me devolvió el poder de ser parte activa de mi sanación.


¿Te ha pasado algo similar en tu proceso de salud? Me encantaría leerte en los comentarios. Y si crees que este mensaje puede ayudar a alguien, compártelo. La información también sana. 💚

Cómo el estrés emocional causa inflamación crónica (y cómo empecé a sanar desde dentro)

 

Mi historia personal: del cáncer a la sanación emocional

Hace un tiempo, en este mismo espacio, te hablé de la alimentación antiinflamatoria y de cómo ciertos alimentos pueden ayudarnos a sanar desde dentro. Hoy quiero abrirte un pedacito más íntimo de mi camino: mi experiencia con el cáncer y el papel silencioso pero potente que jugó el estrés emocional en mi salud.

Estoy en remisión. Lo escribo y todavía me emociona. Pasar por una enfermedad como el cáncer te cambia la vida, no solo el cuerpo. Durante mi tratamiento, escuché mucho sobre quimioterapia, nutrición, defensas, pero nadie me habló realmente de lo que sentía mi alma, mi mente, mis emociones. Y en ese silencio emocional, descubrí algo: también me inflamaba por dentro cada vez que callaba el miedo, la ansiedad, la frustración, el cansancio emocional.

🔥 El estrés también inflama

Lo que a veces olvidamos es que la inflamación no solo viene de la comida, sino también de lo que pensamos, de lo que sentimos, y de cómo vivimos. Cuando vivimos en modo “alerta”, estresadas, exigiéndonos más de lo que podemos dar, el cuerpo lo siente.

El cuerpo no distingue entre un peligro real y una preocupación constante. Si vives con ansiedad, presión o tristeza profunda, tu sistema nervioso está activado todo el tiempo. Y eso tiene consecuencias: aumento de cortisol, debilitamiento del sistema inmune, problemas digestivos, insomnio... y sí, también inflamación crónica.

🧠💓 Empezar a sanar también fue emocional

En mi proceso de sanación, no bastó con cambiar lo que comía. Tuve que empezar a mirar hacia dentro.

  • Tuve que aprender a respirar otra vez, no solo con los pulmones, sino con el corazón.

  • Aprendí a escuchar mis emociones en lugar de taparlas.

  • Me acerqué a prácticas como la meditación, la escritura terapéutica y el yoga suave.

  • Y, sobre todo, me permití sentir y llorar sin culpa.

   Poco a poco, algo cambió. Dormía mejor. Tenía más claridad mental. Mis digestiones mejoraron. Sentía más conexión con mi cuerpo y menos lucha interna.     Empecé a comprender que la salud no es solo ausencia de enfermedad, sino paz interior.

🌿 Un enfoque holístico para desinflamar la mente

Aquí te comparto algunas herramientas que a mí me están ayudando a desinflamar desde adentro:

  • Respiración consciente: solo 5 ó 10 minutos al día marcan una diferencia.

  • Mindfulness o presencia plena: estar realmente en el aquí y ahora.

  • Desconexión digital: regalarme tiempo sin pantallas me ha traído más calma.

  • Expresar lo que siento: con amigos, terapeutas, o escribiendo en un diario.

  • Alimentación emocionalmente consciente: comer también es un acto de amor propio.

    💌 Mi invitación

    Si estás atravesando una enfermedad, o simplemente sientes que el estrés y las emociones te sobrepasan, quiero que sepas que no estás sola. Y que tu cuerpo necesita algo más que suplementos y una buena nutrición: necesita tu amor, tu ternura, tu atención plena.

    Sanar es un camino, no una meta. Y en ese camino, mirar tus emociones puede ser tan transformador como cambiar tu alimentación.

    Gracias por estar aquí, por leerme, por compartir este espacio de salud integrativa conmigo. Seguimos sanando, juntas.

    Con amor y luz,
    Sonia

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